Joan Elías

Elocubradas

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Es indudable que esta galaxia no es la misma. Nada de lo que hasta ahora había sobrevolado nuestras cabezas ha quedado en pie. Estos días se han cruzado dos nuevos hechos que explican la mutación de nuestro cosmos. Por un lado, una nave blanca a la deriva se ha estrellado contra el planeta D2 y por otro, una carrera de coches-nave organizada en vías lácteas propiedad de ciudadanos normales han puesto en evidencia todo el sistema de decisiones de la galaxia humana. En otras palabras, los jugadores del Real Madrid han sido criticados por amar demasiado D2 (dinero y diversión) y la carrera de coches Gumball ha sugerido el mayor de los desafíos a R2 (responsabilidad y respeto).

Visto lo visto, Dinero y Diversión han sustituido definitivamente a Respeto y Responsabilidad.
La Gumball ha sido la representación estelar. Algunos muy ricos han añadido a su colección de extravagancias un nuevo divertimento: la kinki live. Se trata de saltarse todas las leyes posibles en el menor tiempo disponible. Hay que llegar primero a la meta con el vehículo empapelado de multas caras y anécdotas contra la ley establecida. El record es ser el más kinki, el más irreverente e irrespetuoso con los demás. Se trata de hacer subir la adrenalina a costa de la libertad de los demás ciudadanos. Y sobre todo, con mucho glamour.

¿Pero qué es glamour? Acabadas sus fechorías, los participantes de la Gumball han parado en los mejores hoteles de las ciudades insultadas y han dejado en la caja un buen pellizco de su fortuna; sin rastro alguno de una verdadera responsabilidad social corporativa por parte de los establecimientos hoteleros, utilizando el derecho de admisión. Han organizado sus fiestas finales de etapa y un big bang para el último día. Todo de lo más glamoroso.
Después de ver imágenes de las fiestas, de analizar sus gestos, sus bailes y sus comportamientos podemos llegar a una conclusión: tener glamour es hacer el gilipollas en cámara lenta.
Que la paciencia te acompañe.

Joan Elías

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De vez en cuando vuelve el catarro. Unas veces es más fuerte, otras con tos y moquillo. Esta vez la crisis económica es mucho más que una gripe y tiene pinta de neumonía.
Cuando viene la enfermedad todo el mundo se mueve en busca de un remedio para curarse. Va al médico y al farmacéutico, recuenta sus síntomas y busca el mejor medicamento para sobreponerse.
Ahora con la crisis calada hasta los huesos es necesario medicarse de inmediato. Tómese cada dos horas estos principios activos en forma de recomendaciones.
C.R.I.S.I.S.: Cambio Radical de Ideas, Sistemas, Individuos y Soluciones.
Cambio. Facilita el crecimiento de nuevas conexiones neuronales. Evita la parálisis del cerebro por continuismo, arrogancia y pereza institucionalizada.
Radical. Favorece la rápida metabolización del cambio. Llega a todas zonas daÒadas y elimina cualquier pequeño resquicio de la enfermedad.
Ideas. Descarta simbolismos enquistados en el pasado. Provoca una mejora en el flujo de las ideas con objetivo de renovarlas por completo.
Sistemas. Reinventa los métodos de trabajo. Elimina los procedimientos y costumbres poco profesionales y centra la atención en lo verdaderamente importante: el cliente.
Individuos. Excluye agentes contaminantes. Aparta los miembros del grupo que no demuestran interés por tener clientes contentos de verdad.
Soluciones. Alivia las fricciones con el cliente. Mejora los remedios de los conflictos.
Contraindicaciones: tomar uno solo de estos principios sin todos los otros, altera el efecto de la medicación, favoreciendo el resurgimiento de la enfermedad con más virulencia.
Nombre del medicamento: Frenacrisil. Slogan: Para no perder clientes de mil en mil.
Joan ElÌas

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Un cliente siempre duda ante una nueva compra. Las empresas existen porque los humanos vacilan sobre que elegir sin equivocarse y, sin embargo, las organizaciones parecen estar más pendientes de sus dificultades que de las de sus clientes. Las premisas de siempre están por los suelos. Eso parece cuando se repasa las teorías clásicas sobre la empresa. Da la sensación que todo está inventado y en la práctica nada funciona: la motivación, el liderazgo o las ventas ya no son lo que eran y sus estrategias están agotadas. Todo el mundo está a la espera de una idea genial y mientras tanto todo sigue igual. Sólo cuando una empresa se da cuenta que el orden de los factores si altera el producto, empieza a moverse en direcciones más exitosas. Estrategia no sólo son las ideas con la que se estructura una empresa, sino el orden con que se vehiculan. Estrategia también es ordenamiento: no es lo mismo ponerse primero los calzoncillos y luego los pantalones que -con las mismas prendas- ponerse primero los pantalones y luego los calzoncillos. El resultado final es sorprendentemente diferente.

La estrategia de “relaciones con el cliente” está mal ordenada y la mayoría sufre el síndrome de los grandes almacenes. Los vendedores de muchas empresas suelen estar atentos a la entrada de clientes, se comportan amablemente y están prestos a informar. Pero el cliente no quiere información al principio de su relación con la empresa: los catálogos, las webs corporativas y la publicidad ya ofrecen millones de inpunts de información  y ya no quiere vendedores-loro. La estrategia de éxito consiste en entender que hay que colocarse al final del proceso de relación con el cliente. Lo que quiere el cliente es encontrar a alguien que lo atienda en el momento y en el lugar donde sólo quedan dos alternativas -evidentemente contradictorias- y tiene que tomar la decisión definitiva. Los nuevos clientes quieren vendedores-pensadores: personal que acepta el reto de apoyar la inevitable (y temida por el cliente) toma de decisiones. Se trata de hacer de la duda del cliente el valor diferencial de la estrategia de la empresa. La empresa ha de estar organizada para prestar atención, a cada cliente y en cada compra en su última duda. 
¿O no?
Joan Elías