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R2D2

Es indudable que esta galaxia no es la misma. Nada de lo que hasta ahora había sobrevolado nuestras cabezas ha quedado en pie. Estos días se han cruzado dos nuevos hechos que explican la mutación de nuestro cosmos. Por un lado, una nave blanca a la deriva se ha estrellado contra el planeta D2 y por otro, una carrera de coches-nave organizada en vías lácteas propiedad de ciudadanos normales han puesto en evidencia todo el sistema de decisiones de la galaxia humana. En otras palabras, los jugadores del Real Madrid han sido criticados por amar demasiado D2 (dinero y diversión) y la carrera de coches Gumball ha sugerido el mayor de los desafíos a R2 (responsabilidad y respeto).

Visto lo visto, Dinero y Diversión han sustituido definitivamente a Respeto y Responsabilidad.
La Gumball ha sido la representación estelar. Algunos muy ricos han añadido a su colección de extravagancias un nuevo divertimento: la kinki live. Se trata de saltarse todas las leyes posibles en el menor tiempo disponible. Hay que llegar primero a la meta con el vehículo empapelado de multas caras y anécdotas contra la ley establecida. El record es ser el más kinki, el más irreverente e irrespetuoso con los demás. Se trata de hacer subir la adrenalina a costa de la libertad de los demás ciudadanos. Y sobre todo, con mucho glamour.

¿Pero qué es glamour? Acabadas sus fechorías, los participantes de la Gumball han parado en los mejores hoteles de las ciudades insultadas y han dejado en la caja un buen pellizco de su fortuna; sin rastro alguno de una verdadera responsabilidad social corporativa por parte de los establecimientos hoteleros, utilizando el derecho de admisión. Han organizado sus fiestas finales de etapa y un big bang para el último día. Todo de lo más glamoroso.
Después de ver imágenes de las fiestas, de analizar sus gestos, sus bailes y sus comportamientos podemos llegar a una conclusión: tener glamour es hacer el gilipollas en cámara lenta.
Que la paciencia te acompañe.

Joan Elías